Enseñar desde el amor

Ha llegado el momento de plantearnos que hay cosas que deben terminar para que otras nuevas puedan abrirse camino.

«Que todo acabe para que todo empiece»

Hace pocos días subía una foto con esta frase a mis cuentas de Facebook e Instagram. Mucha gente manifestó que le gustaba, pulsando los pulgares hacia arriba y los corazones pero, creo que pocos entendieron en profundidad la idea que yo quería transmitir.

Lejos de lo que la mayoría de la gente pudo pensar, no me refería al Coronavirus, ya que, para mí, el COVID19 ha sido tan solo la gota que ha colmado el vaso.

Hace tiempo que vengo pensando que el mundo estaba pidiendo a gritos parar. No solo por las desgracias e injusticias que veo a diario, sino por una gran lista de incongruencias que cada vez se estaban haciendo más significativas.

Y es que en la sociedad en la que vivimos hay muchas cosas que tienen que ACABAR, como las abismales diferencias salariales, o la creencia popular de que algunas profesiones tienen más valor que otras cuando ahora nos estamos dando cuenta de todo lo contrario.

Pero, aunque la sociedad se está empezando a dar cuenta de algunas cosas, creo que hay una primordial que se está pasando por alto: EL MODELO EDUCATIVO.

En este aspecto, ya hay cosas que están empezando a ponerse en su sitio, como el hecho de que materias como la Educación Física y el Arte (tanto musical como visual), que antes eran consideradas secundarias, durante este confinamiento se han vuelto imprescindibles para poder mantener nuestra mente y nuestro cuerpo en armonía.

Aún así, nos queda mucho por reflexionar.

Mi marido y yo nos dedicamos a la educación y, además, tenemos una hija en edad escolar. Estos días, la frase que más estamos repitiendo es: “Esto no puede ser”:

  • No puede ser, para empezar, que pretendamos que los niños y niñas lleven en sus casas el mismo horario que en el cole. Yo misma creé un horario para mi hija al inicio del confinamiento, pero pronto me di cuenta de que no funcionaba.
    En cambio, para empezar, sí podemos aprovechar para crear hábitos basados en sus necesidades actuales: higiene, descanso, movimiento, expresión de sentimientos…
  • No puede ser que intentemos que millones de familias, que no han tocado nunca un ordenador, se conviertan, de la noche a la mañana, en expertos en el ámbito digital.
    Por el contrario, sí podemos aprovechar este tiempo extra para convertirnos en expertos en otros ámbitos: como conocernos entre nosotros, el cuidado del hogar (que es cosa de toda la familia), cocinar…
  • No puede ser que demos por hecho que una familia con, por ejemplo, dos hijos, va a tener un ordenador o tablet para cada uno, además del que necesitan los progenitores para tele-trabajar desde casa.
    Mientras que sí podemos usar otros soportes no tecnológicos, como los libros de papel, lapiceros, pinturas, o aprovechar para reciclar objetos y darles una nueva vida, bien sea creando manualidades o cualquier otra cosa que se nos ocurra sin tener que buscarla en internet.
  • No puede ser que llenemos a nuestros alumnos y alumnas de materiales para que realicen ellos solos en casa, sin nuestra presencia, sin nuestra guía, sin el millón de situaciones previas de aprendizaje que los maestros y maestras nos encargamos de crear en el aula para que ese trabajo final cobre sentido.
    Lo que sí podemos es confiar en ellos, y confiar en que todos nuestros esfuerzos por enseñarles a “Aprender a aprender” hayan dado su fruto. Ahora es el momento de pasarles el testigo, de darles la oportunidad de elegir qué quieren aprender, de que sean ellos los que nos pidan a nosotros materiales para llevar a cabo esos aprendizajes que han elegido por voluntad propia.
  • No puede ser que se nos pida que pensemos en los “mínimos imprescindibles” que queremos evaluar a distancia durante el tercer trimestre.
    A su vez, sí debería ser normal pedirnos que, en la distancia, sea para nosotros imprescindible, como mínimo, el bienestar de nuestros alumnos y alumnas por encima del avance académico. Nada más.

Creo que es el momento de darnos cuenta de que los maestros y maestras debemos enseñar desde el amor.

Y voy a ir un paso más allá, porque ya que hemos tenido que vernos en esta situación para darnos cuenta de todo esto, no podemos dejar que se nos olvide cuando esta crisis termine. Vuelvo a retomar la frase con la que he empezado:

“Qué todo acabe para que todo empiece”

Empecemos, pues, a replantearnos las cosas, empecemos a trabajar en hacer realidad todos los cambios que la educación necesita. Empecemos ahora, desde nuestros hogares, para que cuando podamos volver a reunirnos en nuestros coles podamos comenzar de nuevo, creando por fin la educación que todo niño y toda niña se merece.

Hagamos que pase, y hagámoslo de la única manera posible: todos juntos.

#hagamosquePASe

Nunchi

¿Tienes algún comentario?

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn

Suscríbete