La vejez. O el castigo de vivir demasiado tiempo

Estás en la flor de la vida, como dicen. Tú mente está lúcida, tienes ganas de disfrutar, sientes la satisfacción de haber sido un buen trabajador y forjado de una familia… Pero, te miras al espejo, y ves tu rostro lleno de líneas, tu pelo blanco, tu cuerpo cansado y tienes esa triste sensación de no formar parte de nada, de ir en paralelo a la vida que pasa a través de la ventana. Y es que, como dijo Jonathan Swift, “Todo el mundo quisiera vivir largo tiempo, pero nadie querría ser viejo”. Me puede pasar, te puede pasar, deberíamos sentar hoy las bases para que nuestros mayores sean recompensados y no olvidados.

Aunque no queramos reconocerlo, la vejez es la etapa vital más infravalorada. Es vergonzoso que una persona que ha sido componente imprescindible en la estructura laboral, social y familiar en la que se basa nuestra sociedad, como ilusión para sus padres, pilar fundamental para sus hijos, apoyo para sus nietos, receptáculo de la experiencia acumulada durante toda su vida, acabe sus años solo, echado a un lado, cuidado por extraños, como si fuera un desecho inútil de una sociedad que no valora todo lo que le ha aportado.

“A menudo es fatal vivir demasiado tiempo.”

Jean-Baptiste Racine

La situación actual nos dejará un escenario en el que habremos perdido nuestro mayor tesoro: los recuerdos de otros tiempos, la experiencia de muchos años vividos, la ternura de quienes nos cuidaron y comprendieron durante toda su vida, la sabiduría de quienes trabajaron con la fuerza de sus manos y no con el suave movimiento de dedos sobre delicados teclados.

Cuando necesitemos un consejo vital, echaremos de menos a muchos de los que hoy están cerrando sus cansados ojos rodeados de las arrugas que marcan el largo camino que recorrieron para que nosotros hoy estemos aquí.

Procurémonos un futuro en el que tratemos a nuestros mayores como queremos que nos traten cuando lleguemos a esa etapa de la vida.

Porque la vejez no es un ciclo reservado para algunos, es bastante probable que todos nosotros lleguemos a ser esos invisibles seres que, en silencio, se recuerdan a sí mismos fuertes, útiles, amados, indispensables… #hagamosquePASe

“La muerte no llega con la vejez, llega con el olvido”

Gabriel García Márquez

Gigil

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