Ocupa tu mente en buscar soluciones, no preocupaciones

Karen Horney dijo “La preocupación debe llevarnos a la acción, no a la depresión”, ni a la frustración, ni a la desesperación. No estamos obligados a preocuparnos, tenemos derecho a decidir a aceptar una situación o a ocuparnos en resolverla, si realmente está en nuestras manos hacerlo.

Hubo un tiempo en el que yo era como una columna, como esas firmes y robustas columnas que parecen sostener al mundo entero. El problema de las columnas es que, al ser tan rígidas, terminan resquebrajándose con la frecuencia de los embates, más que con su intensidad.

Ahora me doy cuenta de que he pasado más de la mitad de mi vida viviendo todo con intensa preocupación: lo grande y lo pequeño, lo importante y lo banal, lo inabordable y lo soluble. Y, como todo tiene consecuencias, he padecido trastornos del sueño, depresiones y períodos de pérdida del apetito que, por suerte, no me llevaron a trastornos peores porque, por suerte, me encantaba comer.

Creo que es imposible contar las noches interminables en las que no podía conciliar el sueño dando vueltas y vueltas a algo, mirando el reloj continuamente para, finalmente, levantarme destrozada. Durante esas horas de vigilia padecí de algo parecido al Síndrome de las Piernas Inquietas y también un picor en todo el cuerpo, que hacían que las noches parecieran interminables.

“Lo que niegas, te somete. Lo que aceptas, te transforma”

Carl Jung

Llegué a un momento en mi vida en que, como pasa a veces, todo sucedió de golpe: me vi abrumada por una serie de sucesos que me pusieron del revés de tal manera que, inconscientemente, tiré la toalla. Sí, tal cual, me dije “Nada de esto tiene una solución que esté en mis manos, así que me rindo, me resigno y que suceda lo que tenga que suceder”. Punto.

Y recordaba continuamente aquella frase que decía Bruce Lee en el spot de una entidad financiera: Be water, my friend (Sé agua, amigo mío). Y a partir de allí, casi sin darme cuenta, comenzó un proceso de análisis acerca de la manera cómo había enfrentado los “problemas” hasta ese momento, y de un cambio que me ha llevado a disfrutar de una tranquilidad que solo pensé conseguir volviendo a nacer.

No voy a decirte que fue fácil, tuve que estrellarme mil veces, pasar muchas noches sin dormir, sentirme perdida y, a la vez, darlo todo por perdido para llegar a este punto en el que me preocupo solo por lo que puedo solucionar. Pero si te aseguro que, si yo he podido, tú también puedes, y sin necesidad de volver a nacer.

Y como siento un verdadero rechazo a esos textos en los que te dicen que puedes lograr algo solo con un “la solución está dentro de ti, búscala”, sin darte algo concreto que hacer, voy a intentar contarte qué cambió dentro de mi cabeza para que ahora me preocupe solo lo justo.

Aceptación

La felicidad no depende tanto de que pasen «cosas buenas» en tu vida, como de la disposición o la actitud con que afrontes las cosas que pasen, cualesquiera que sean. Y en buena medida, el secreto reside en la aceptación

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Aunque nos lo cuenten en mil historias, la vida no es una hoja en blanco donde tú escribes lo que deseas y se cumple a base de esfuerzo y esperanza. Te planteas muchas metas, consigues unas y otras no, puede que alcances unas por suerte y que no logres otras por mucho que te empeñes en ello. Y surgen mil obstáculos, podrás saltar algunos pero otros no, definitivamente no.

Si eres una columna como lo era yo, esa actitud inflexible frente a estos acontecimientos solo te llevará a la frustración. Eso lo entendí mucho después. Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada, o sé agua, amigo mío. No te resistas a las situaciones, amóldate a ellas lo mejor que puedas. No es falta de determinación, no es resignación, es una manera de abrirnos a nuevas maneras de pensar y de actuar. De aprender de lo que se nos presenta.

Análisis

“La catástrofe que tanto te preocupa, a menudo resulta ser menos horrible en la realidad, de lo que fue en tu imaginación”

Wayne W. Dyer

Alguien dijo que no se puede entender el presente sin conocer el pasado. Piensa en esas ocasiones en las que la casi has llegado a desesperar de preocupación y pregúntate ¿sucedió aquello que a lo que tanto temías? ¿era tan grave como te parecía en aquel momento? ¿mereció la pena preocuparse tanto? ¿cuáles fueron las consecuencias de sumirte en tanta angustia?

Probablemente te darás cuenta que aquellos problemas se habrían solucionado de la misma manera preocupándote como lo hiciste, o no. Podrías haberte ahorrado tanta ansiedad y el resultado habría sido exactamente el mismo. O, peor aún, invertiste horas y horas cavilando acerca de la posibilidad de resolver una situación que nunca llegó a suceder.

Lo has vivido tú, no es algo que te han contado. Piensa en ello, en sí merece la pena volver a actuar de la misma manera, volver a torturarte del mismo modo, innecesariamente.

“Las preocupaciones acaban por comerse unas a otras, y al cabo de diez años, se da uno cuenta de que se sigue viviendo”

Jean Anouilh

Si no tiene solución, no te preocupes

“El hombre juicioso sólo piensa en sus males cuando ello conduce a algo práctico; todos los demás momentos los dedica a otras cosas”

Bertrand Russell

Si resolver aquello que te preocupa depende de ti, de tu esfuerzo, de tu ingenio o de tus herramientas, no de angusties, trabaja en ello, de día, de noche, cuando mejor te venga. Pero, si esa resolución depende de la decisión de otra persona, del azar, o de cualquier otro factor que no puedes controlar, dedícale el tiempo justo en tu cabeza, sin taladrarte. No merece la pena, porque pasar horas pensando en ello no va a influir en que el desenlace sea el que tú deseas.

No pienses, solo observa

“Deja de intentar calmar la tormenta. Cálmate tú, la tormenta pasará”

Fritz Thompson

Lo de apaciguar mis pensamientos siempre ha sido una tarea pendiente para mí. Cuando en clases de yoga llegaba el momento de la meditación, me decían algo parecido a “Observa tus pensamientos, déjalos pasar libremente, sin detenerte en ninguno de ellos”.

Imagina que tus pensamientos tortuosos son como los subtítulos de una película. No puedes eliminarlos, pero puedes elegir leerlos o no. No puedes dejar de pensar, pero sí puedes decidir concentrarte en ellos, destriparlos, sacar pensamientos adicionales, tejer una manta con ellos, volverte un ovillo y montar un enredo del que no puedas salir. No luches contra ellos, es peor. Pero tampoco los alimentes.

Te recuerdo esta sabia frase que utilicé en el post dedicado al Procesamiento Profundo:


«Si un problema puede arreglarse, no hay necesidad de preocuparse. Y si no tiene solución, la preocupación no ayudará en nada. En definitiva, la preocupación no tiene ningún beneficio»

Dalai Lama XIV

Gigil

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