Procesamiento Profundo, convierte esta condición en tu gran fortaleza

En tu cabeza rebotan los mismos pensamientos, una y otra vez, como una pelota en un partido de tenis. Esto es el Procesamiento Profundo, uno de los pilares de la Alta Sensibilidad. Quizá sea imposible que estos rebotes mentales dejen de producirse, pero podemos intentar que nos proporcionen soluciones en lugar de preocupaciones.

Hace algún tiempo te comentaba cuáles son los cuatro pilares que debe reunir una Persona Altamente Sensible. Uno de ellos es el Procesamiento Profundo (Deep processing, en inglés) o Profundidad de Pensamiento. Se refiere a la tendencia involuntaria que tenemos a dedicar largos períodos de tiempo a dar vueltas sobre un mismo pensamiento, analizando los pro y los contra, en la búsqueda de actuar de la manera más efectiva posible, en el mejor de los casos. Porque, como ya sabrás, no todo lo que ocupa nuestras cavilaciones requiere tomar una decisión o encontrar una solución.

Es importante destacar que este pilar no se refiere a la cantidad de información que recogemos de nuestro entorno, sino a la manera tan minuciosa como analizamos y desgranamos dicha información.

El procesamiento de una información está muy relacionado con la intensidad con la que ésta permanecerá en nuestra memoria. Con o cual, a mayor profundidad de procesamiento, mayor es la persistencia del recuerdo de esa información.

En mi caso, para llegar a ese estado en el que no puedo dejar de pensar en algo, es necesario que ese asunto capte intensamente mi atención. Obviamente, no todo lo que sucede alrededor de una Persona Altamente Sensible nos sumerge en un mar de pensamientos. Si fuese así, ante la avalancha de eventos que rodean nuestra vida cotidiana, no tendríamos cabeza para realizar tareas concretas.

Pero sí es cierto que, al poseer una mayor Sensibilidad hacia las Sutilezas (otro de los pilares), somos más propensos a que nuestra atención se enfoque con más intensidad en aspectos que pasan desapercibidos para otras personas.

Esto me lleva a la emoción y a la motivación. Al parecer, lo que facilita recordar un evento no es el evento en sí, sino la emoción que nos ha producido. Al respecto, hay estudios que dicen que las emociones agradables, por tanto los eventos asociados a ellas, permanecerán más tiempo en nuestro cerebro que las emociones, y las situaciones, desagradables.

Es posible que, en este punto, te detengas a pensar, como lo hice yo cuando conseguí esta información. Luego de compararla con la relación que tengo entre mis vivencias y mis recuerdos, me he dado cuenta de que, aunque los sucesos desagradables calan muy profundamente en mis pensamientos en el corto y mediano plazo, a largo plazo recuerdo con más claridad los detalles asociados a las vivencias agradables.

Por ejemplo, no guardo en mi memoria las fechas o el tiempo que ha transcurrido después de los sucesos más tristes de mi vida, pero me resulta mucho más sencillo recordar estos datos cuando la experiencia fue agradable.

Si tengo que recordar lo que se dijo durante una discusión, me cuesta ordenarlo cronológicamente, al contrario de lo que sucede con una amena y agradable conversación.

Analizar la manera como recordamos los sucesos que conforman nuestra vida es importante porque es, en buena parte, en base a ellos que analizamos o procesamos los acontecimientos presentes y futuros.

La motivación marca una diferencia importante en como vivimos esas tormentas de ideas en la que solemos quedar atrapados.

En otros tiempos, porque, a través de los años he podido dejar atrás esto, si tenía un problema cuya solución no dependía mí, podía pasar varios días y noches haciendo madejas alrededor del mismo asunto sin descanso, hasta que la situación llegaba a un desenlace natural, ya fuese favorable o no.

Si un problema no tiene solución, la preocupación no ayudará en nada.

Por otro lado, si no es un problema lo que domina mis pensamientos sino, por ejemplo, un proyecto, ese rebote de ideas me llena de energía porque mi cerebro está centrado en la búsqueda de una solución hasta que ésta aparece en el momento menos esperado… que suele ser, inexplicablemente, mientras estoy tomando una ducha.

De esto podemos deducir que, si bien es cierto que nuestra capacidad de Procesamiento Profundo puede ser una tortura es algunos casos, también puede aportarnos grandes beneficios si la alejamos de aquello que no podemos resolver y la enfocamos para conseguir soluciones o tomar decisiones.

Una cosa es preocuparse, y otra es ocuparse

Mi propia experiencia me ha llevado a una conclusión: es muy importante definir las cuestiones que merecen ocupar tanto tiempo en nuestros pensamientos y energías. Alimentar la preocupación en algo que escapa de nuestro control, generalmente, no nos llevará a su solución. Al contrario, nos sumerge en un estado de angustia y frustración que no nos beneficia.

Sin embargo, si eso que nos ocupa tiene una solución posible pero que no tenemos a mano, merece la pena dejar que nuestra capacidad de Procesamiento Profundo se ponga en marcha y se vuelque en llevarnos a un resultado que nos llenará de satisfacción. Recuerda que una cosa es preocuparse, y otra es ocuparse.

«Si un problema puede arreglarse, no hay necesidad de preocuparse. Y si no tiene solución, la preocupación no ayudará en nada. En definitiva, la preocupación no tiene ningún beneficio»

Dalai Lama XIV

Gigil

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