Reflexión desde el aislamiento

¿Será posible un futuro en el que la escuela sea capaz de adaptarse a la sociedad en lugar de que la sociedad se adapte a la escuela?

Ante la complicada situación que estamos viviendo en nuestra sociedad quiero hacer una reflexión acerca de algo que está ocurriendo.

Soy madre y maestra, y mi análisis tiene una doble perspectiva. Como maestra y compañera de profesión soy plenamente consciente de que siempre hacemos lo que creemos mejor para nuestro alumnado. En estos días estamos aprendiendo el dominio de plataformas digitales a marchas forzadas y desarrollando nuestra creatividad al máximo con el fin de ofrecer a nuestro alumnado recursos que les permitan, de alguna manera, reforzar los contenidos abordados a lo largo del curso y tener a su alcance propuestas que les ayuden a llevar esta situación de encierro en los domicilios de la manera más llevadera posible.

El teletrabajo suena muy bien sí pero, la realidad con niños en casa, es bastante diferente ya que te conviertes en “supermamá”. Resulta complicado cumplir lo mejor que puedes tu horario laboral frente al ordenador, a la vez que tienes que dar respuesta en el grupo de conversación del colegio, asistir a Claustros virtuales, realizar alguna llamada telefónica, porque hay cosas que hay que hablarlas en persona y al mismo tiempo dar los buenos días a tus hijos mirándoles a la cara, hacer las tareas del hogar para higienizar el entorno en el que estamos 24 horas metidos, preparar la comida, atender sus necesidades y realizar gran cantidad de tareas escolares.

Yo, en mi caso, me considero afortunada en relación a lo que veo en mi entorno… Hay familias con profesiones relacionadas con el ámbito sanitario que hacen jornadas maratonianas de 14-15 horas diarias, familias monoparentales que están al cuidado de más de un hijo haciendo teletrabajos, familias que ni siquiera están en sus casas porque el trabajo no lo permite y los niños están al cuidado de amigos u otros familiares (algunos, incluso, dejan a los niños solos porque no tienen con quien dejarlos) y familias que tienen que lidiar con familiares en cuarentena en el domicilio.

Aparte de todo esto, que es una realidad, hay familias que no disponen de los medios tecnológicos necesarios ni impresoras para poder ver las actividades que se plantean desde los centros educativos ni tienen posibilidad de seguir las clases virtuales. Conozco gente que, en el Estado de Alarma en que nos encontramos, se angustian buscando copisterías o le piden a vecinos que, por favor, les impriman los documentos que necesitan para enviar de nuevo al colegio en un fecha determinada. ¡Qué contradictorio! La responsabilidad como padre/madre para cumplir con las tareas escolares de nuestros hijos nos hace cometer la aberración de salir a la calle para buscar los recursos necesarios, poniendo con ello en peligro la salud de nuestras familias y del resto de la sociedad.

Como docente, me siento en la obligación moral de aportar mi granito de arena en todo esto. No podemos permitir que las tareas escolares supongan una carga añadida a esta situación tan estresante para todos. La Educación debe estar al servicio de la sociedad y ahora mismo la sociedad está sumida en una profunda crisis y debemos ayudarla.

¿El alumnado y las familias necesitan que desde la escuela les ofrezcamos recursos? Sí, por supuesto, pero con algunas matizaciones: No deberían ser obligatorios (muchas familias no disponen de medios, hay una brecha digital que es una realidad y no todas las personas dominan los medios). No debería de establecerse un tiempo concreto para hacerlas (hay familias que no pueden ponerse con ello hasta el fin de semana).

Cada familia debería de hacer lo que buenamente pudiera en función de las circunstancias para no añadir más angustia y estrés a esta situación. Deberíamos de contemplar todas las áreas de desarrollo del alumnado, no sólo la curricular.

¿Qué ocurre, por ejemplo con las emociones? ¿Tenemos tiempo de preguntarles a nuestros hijos como se sienten? ¿O, simplemente, hacemos como que no pasa nada? y ¿el ejercicio físico? ¿La creatividad? ¿Los juegos en familia?…

DESDE LA ESCUELA DEBERÍAMOS DE PROPORCIONAR AYUDA A LAS FAMILIAS Y COLABORAR CON ELLAS, Y NO DARLES CARGAS AÑADIDAS A ESTE CAOS. DEBERÍAMOS PARAR, REFLEXIONAR Y APROVECHAR ESTA SITUACIÓN PARA POTENCIAR AQUELLO QUE EL ESTRÉS DE LA VIDA COTIDIANA Y EL RITMO DE VIDA ACTUAL LES HA QUITADO COMO NIÑOS: TIEMPO EN FAMILIA DE CALIDAD.

Ojalá esta reflexión sirva para cambiar algo y para recordar en un futuro que la escuela es capaz de adaptarse a la sociedad sin pretender justamente lo contrario, que la sociedad se adapte a la escuela.

Muchas gracias por el tiempo dedicado a leerla.

Lurdes Vizcaíno Álvarez

Nunchi

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