Serendipia

Seguro que alguna vez te ha pasado. Buscas algo y, casi sin darte cuenta, te chocas otra cosa diferente, sorprendente. Así fue como hicimos un descubrimiento que cambió nuestra forma de ver la vida.

Encendí el ordenador con la idea de realizar una búsqueda de información relacionada con mi trabajo. Tras acomodarme en mi silla, abrí la página web del buscador, tecleé las palabras necesarias para realizar mi consulta y, como de costumbre, fui abriendo en diferentes pestañas todas las páginas que me parecieron interesantes. 

No disponía de mucho tiempo, así que realicé una segunda selección e imprimí aquellas páginas que creí que me podrían ser útiles, con idea de leer detenidamente toda la información al día siguiente. Coloqué los folios recién impresos en una funda transparente los metí en mi maletín, sin ser aún consciente de la información que acababa de encontrar.

Al día siguiente, a falta de una hora para terminar mi jornada laboral, saqué los papeles de mi cartera y me senté en mi mesa, dispuesta, ahora sí, a analizar en profundidad los documentos que tenía frente a mí. Deseché los dos primeros casi por completo, realizando, tan solo, alguna anotación al respecto en mi cuaderno. Fue el tercer documento el que captó plenamente mi atención. Cuando comencé a leerlo, rápidamente comprendí que iba a serme útil, pero además, la información que contenía me resultaba familiar.

El grueso del documento estaba dedicado a enumerar una serie de características que definían a los “Niños y Niñas Altamente Sensibles” y, para mi sorpresa, más del 95% encajaban en la descripción de mi hija y de mi misma cuando era niña.

Sorprendida, cogí los folios y me cambié de mesa, sentándome ahora frente al ordenador, donde tecleé directamente las palabras “Altamente Sensible” por primera vez.

La primera de las sugerencias del buscador me remitieron a la web de APASE (Asociación de Personas con Alta Sensibilidad de España). Tras la sorpresa inicial al descubrir que existía una asociación dedicada a algo que acababa de descubrir, encontré sendos test, uno para adultos y otro para niños y niñas.

Ya algo nerviosa, realicé primero el test infantil, en el que todas las preguntas parecían creadas específicamente para mi hija. Antes de comprobar el resultado, realicé el test para adultos, encontrando que todas las preguntas me resultaban obvias. Tras consultar los resultados de ambos tests, fui consciente de que tanto mi hija como yo éramos Personas Altamente Sensibles.

Fue entonces cuando, en mi cabeza, comenzó a generarse un intenso zumbido, como suele ocurrirme siempre que me encuentro sobrepasada por alguna emoción intensa. Recogí mis cosas como pude, pues debía ir a recoger a mi hija. Durante mi trayecto en coche, la información recientemente descubierta me golpeaba las sienes como intentando salirse de mi cabeza.

Poco a poco fui dándome cuenta de las implicaciones de mi descubrimiento, y de que había más personas de mi alrededor que encajaban en la descripción.

Sobre todo una, Gigil, a quien escribiría en cuanto llegase a casa.

* * * 

Me despertó la notificación de un mensaje de WhatsApp. Al abrir los ojos no sabía si era de mañana o de tarde, como me suele suceder cuando duermo profundamente. Miré mi ropa y me di cuenta de que había despertado de la siesta… no vestía pijama y la cama estaba hecha. Cogí el móvil, era un mensaje de Nunchi. Aún medio dormida, leí algo de Personas Altamente Sensibles y de un test. Me gustan los test… «Voy a hacerlo», pensé.

Comencé a responder a los enunciados, no sabía qué pensar, me parecía que las respuestas eran muy obvias. No me detuve a pensar en que, a lo mejor, eran obvias para mí y no para todos. No recuerdo la puntuación, solo que significaba que yo pertenecía al 20% de Personas Altamente Sensibles. En ese momento, no tuve conciencia de esa revelación.

Hace ya mucho tiempo que no pensaba en el peso que suponía para mí ser tan sensible. Ya había dado por hecho que era una persona rara y me había construido una alta muralla para protegerme. Solía decir a las personas más cercanas que me resultaba muy difícil y doloroso “ir por la vida como si llevara el corazón en la mano”.

Le escribí a Nunchi y, a medida que hablaba con ella, me iba despejando y siendo consciente de que el saber acerca del rasgo de las Personas Altamente Sensibles encontraba explicación a muchas cosas que pensaba y sentía desde mi niñez: mi tristeza al no sentirme comprendida, esa sensación de soledad que me acompañaba aún estando rodeada de muchas personas (como si fuera una cucaracha en medio de un baile de gallinas), ese carrusel de emociones en el que siempre estaba subida, ese pensar y pensar siempre en cosas que podían no tener importancia para los demás… Siempre me atrajo mucho el arte, a pesar de que no moverme en un ambiente de museos y conciertos. Cuando fui por primera vez a un ballet, sentí que eso es lo que me hubiera gustado hacer toda mi vida.

Y así comencé a recordar cosas, como la típica escena en la que ves pasar toda tu vida delante de tus ojos, pero con subtítulos que explicaban los motivos. El porqué no me resultaba placentero ir a una discoteca donde no veía ni escuchaba nada más que lo que a mí me parecía un estruendoso ruido, para luego volver a casa apestando a tabaco y con un pitido que no me dejaba dormir. Aún así yo insistía en ir, aunque no demasiadas veces, porque no entendía que a todo el mundo le gustase y a mí no.

Y así pasé varios días, recordando y entendiendo, recordando y sorprendiéndome, recordando y comprendiendo que no era, que no soy rara, sencillamente diferente. Hasta el hecho de tener que quitarme las zapatillas para reacomodarme el calcetín porque el roce de la costura con un dedo no me dejaba vivir en paz, cobraba una nueva y esclarecedora perspectiva.

Así comenzó el repaso de mi vida desde la óptica de una Persona Altamente Sensible, un rasgo que Nunchi descubrió como una Serendipia, mientras esperaba encontrar otra cosa

Nunchi & Gigil

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